Presión fiscal
No es un secreto que para un emprendedor español sobrellevar el día a día de su negocio sea, prácticamente una odisea. Entre lidiar con el pago de facturas y cumplimiento de proveedores, el trabajo se hace cuesta arriba.
Sí ha esto sumamos la carga fiscal soportada a lo largo del año, muchos le comentarán cómo lo lamentan.
Ayoze el panadero, María la florista y hasta Don Severino (contable y administrador de viejo oficio) comparten estas ideas. Hemos de prepararnos y mucho. No solo se trata de asesorarnos, debemos estudiar el sistema. Pecar de omisión o desconocimiento en esta era no vale.
Me asombra que se pregunte por el estado real de flujo de caja y en muchos casos el desconocimiento del propio negocio es total. Hoy en día incluso una simple tesorería es un faro en la vorágine de información que debemos manejar.
A lo largo de mi experiencia laboral he visto como desde pequeños negocios con poco margen de caja prosperaban a pasos agigantados, mientras que granes firmas, por descuido, negligencia o ignorancia sufrían castigo por parte de la administración pública.
Como he citado en la entrada anterior, no hemos sido educados para especular sino más bien para seguir los dictámenes impuestos que supuestamente garantizaban beneficios seguros.
¿Entendemos como diversificar nuestra cartera de negocios ante situaciones adversas que escapan a nuestro control? ¿Logramos controlar y entender nuestros deberes y derechos ante la hacienda pública?
Estas variables se entrelazan y en muchos casos los resultados son terribles. Es difícil aportar cifrar exactas de cuantos negocios están echando el cierre hoy en día. Mantenerse al tanto y educarse en cuestión es parte de la solución pero no la definitiva.
